Ayer viernes, le avisaron a Marta que una carta suya fue elegida con otras 4, en la categorÃa adultos del 4° Concurso Misivas Románticas de la Biblioteca Fiat Lux Colón de la ciudad de Colón Entre RÃos. La mecánica para acceder a los primeros premios es a través de la votación del público. Se puede votar en la propia Biblioteca donde están expuestas, en una urna dispuesta a esos efectos o en la página de Facebook llamada Biblioteca Fiat Lux Colon donde están publicadas. AllÃ, hay que dejar un comentario debajo de la carta elegida y compartirla. Su carta se llama «Amada Esther», Seudónimo El Carpintero y hay que buscarla dentro de las 5 de categorÃa adultos.
Igualmente, ya está recibiendo premio y el mismo será entregado el viernes 3 de noviembre en sede de la Biblioteca en Entre RÃos a la hora 20. También le entregarán una antologÃa de las cartas ganadoras en los tres certámenes anteriores ya que en el año 2015 obtuvo Mención Especial. A continuación, el texto de la carta:
Carta «Amada Esther». Seudónimo «El Carpintero».
Amada Esther:
Ojalá siga tu alfiletero rosado resguardando los empalmes metálicos que ensamblan nuevas piezas. Y tu tijera eternamente afilada, delineando los cortes de nuevos modelos para vestir a los ángeles.
Han pasado tantos años desde la última vez que nos vimos, que lejos de que con esto creas que recién me acuerdo de ti al escribirte estas lÃneas, quiero que sepas que muchas, pero muchas, han sido las veces en la que me he encontrado hablándote desde mi interior.
QuerÃa contarte que las niñas han crecido. ¡Vaya que sÃ! Ambas transitaron más de medio siglo y lo han andado seguras de saberte a su lado a cada paso. Si hasta te han pasado en edad y sus rostros han empezado a dibujar sutiles surcos en sus frentes o alrededor de su mirada, o a continuar repitiendo ese hoyuelo a los lados de las comisuras de sus labios al sonreÃr, que y a pesar de ello, cuando miro a una o a la otra, te veo en sus ojos o te escucho en sus voces.
La mayor conserva tu Singer casi intacta y el costurero de pie que te construÃ, forrado de un raso cielo. Duerme en el estante de su biblioteca tu cuaderno de notas y pedidos, tu libro de alta costura y tu inmenso diploma. Algunas fotos tuyas siendo adolescente y tu libreta cÃvica, la pueblan de recuerdos. La menor me cuida como a un niño: Me baña, me viste y me alimenta… y son más de las veces que me escucha desvariar y contar historias repetidas.
Yo ando en las puertas del siglo, aunque aún me faltan unos siete escalones para atravesar ese umbral. La espalda ya me pesa y los huesos rechinan como las viejas canciones de los discos de pasta que escuchábamos.
Suelen temblarme las manos cuando quiero alcanzar el vaso de agua que acompañe alguna de esas tantas pÃldoras que me mantienen alerta. Pero las repliego sobre la cama de mi vientre entrecruzando los dedos, como esperando.
A veces peleo con leones o un elefante huye de una cacerÃa humana si la tele queda aullando en un canal del cable. ¡Si vieras esos cuadros vivientes de colores sobre un papel delgado! EstarÃas maravillada. Te fuiste en esa época en que la que aullaba era una caja, pesada y monocroma de luces y sombras, que te mantenÃa esclava de cinco a seis de la tarde con la telenovela.
Y a veces te nombro como si siguieras aquÃ, aunque sé que lo haces…
No quiero fatigarte y fatigarme. Es hora de dormir bajo una boina abrigada que me cubre los ojos. A esta altura de los años tuve que resignar mi copita de ginebra al acostarme. Seguro seguirás aquà hasta que despierte, velando mi descanso.
Te dejo la promesa de otra charla, cuando vuelva a escribirte y ese beso en la frente de cada despedida. Tal vez compre chocolate y una trincha sabrosa de galleta crujiente para el próximo encuentro y tú hornees manzanas para las niñas.
Me dormiré otro rato, mientras tanto tú sigue aquà a mi lado, bordándome los sueños.
SEUDÓNIMO: El Carpintero




